MEMORIA 2018 EN FORMATO DIGITAL

Capítulo Español del Club de Roma

Impreso por Vanguard Gràfic, S. A.
Memoria2018-20190619

El pasado año se cumplió medio siglo de la creación del Club de Roma, lo que invita a echar la vista atrás y recordar los numerosos informes y análisis en favor de la sostenibilidad que esta singular no organización ha promovido. Documentos en los que se han reflejado tanto la creciente complejidad de nuestras sociedades como el incremento de incertidumbres ante las que se inquieta la familia humana.

Han sido años en que la búsqueda de la sostenibilidad económica, social y ecológica ha corrido pareja a las propuestas para afianzar la gobernabilidad global. El mundo se ha vuelto más multipolar, a la vez que el multilateralismo se ha ido alejando de sus pretensiones sobre una adecuada gobernanza global. Ante esto, el Club de Roma, en la conmemoración de su cincuentenario, no se ha centrado, deliberadamente, en recrearse en lo acertado de las previsiones iniciadas con su informe sobre Los límites al crecimiento, y sí en atisbar nuevos caminos para el desarrollo humano.

Y ello, desde nuestra plena consciencia de que nuestras sociedades viven, a diario, amenazadas por las consecuencias más evidentes del cambio climático, así como en la urgencia por encontrar soluciones efectivas que permitan mitigarlo o ralentizarlo. También es evidente el desconcierto ante lo que pueda suponer la creciente digitalización de la vida. Se trata de un fenómeno que ya repercute en los múltiples aspectos que están redefiniendo las relaciones sociales, políticas, económicas y culturales.

De ahí que, ante estas crecientes complejidades e incertidumbres, el Club de Roma pretenda abrir múltiples debates y análisis sobre la emergencia climática, así como sobre la necesidad de definir las líneas maestras de una nueva economía que promueva la sostenibilidad en todas sus facetas. Esto permitiría alumbrar una nueva civilización en la que cada persona pudiese sentirse dueña de sus destinos y solidaria con el resto, con las generaciones venideras y con el medio ambiente.

Es evidente que los interrogantes sobre el futuro más inmediato se han acrecentado desde la creación del Club de Roma. Esto responde a la aparición de fenómenos disruptivos propiciados por los avances científico­técnicos, los avances tecnológicos y la generalización de sus aplicaciones. También son determinantes los avances de la globalización y las transformaciones geopolíticas.

Muchas de las dificultades que ahora se siguen resaltando ya eran conocidas en 1968. Pero ahora se ven intensificadas por la incesante aceleración de nuestro entorno, por la percepción de las consecuencias del cambio climático, cada vez más irreparables, y por las transformaciones radicales que conlleva la creciente automatización, virtualización y conectividad de todos los ámbitos de la vida humana, a las que ya se ha aludido.

Dichas transformaciones tienen tal impacto y son tan impredecibles que hacen tambalearse, cuando no desaparecer, las estructuras y activos de las sociedades industriales precedentes. Con lo que ello supone para los modelos productivos y los empleos que llevaban aparejados, así como para la vida cotidiana, la creación y difusión de contenidos culturales y para la participación ciudadana en la gestión de los asuntos públicos.

Ello daría pie a pensar que el mundo se vuelve cada vez más ingobernable. Pero el Club de Roma, y sus informes, se fundamentan en la confianza en la capacidad humana, que depende sobre todo de la actitud y compromiso de las personas para buscar soluciones que trasciendan los egoísmos particulares.

La esperanza reside, por tanto, en que se aprovechen positivamente los múltiples saberes científico­técnicos de que disponemos. O los no menores conocimientos de gestión en favor del interés general y en la formulación de políticas y procedimientos orientados a tal fin. No es, pues, un problema de carencia de ideas. La clave es aunar voluntades colectivas y personales en favor de la sostenibilidad y la calidad de vida de las personas, de la preservación de la Naturaleza y del legado a las generaciones venideras.

En el futuro no se podrá seguir evaluando cualquier proceso o iniciativa desde la limitada óptica del crecimiento material, sin reparar en los límites planetarios y de sus recursos. Hay que instrumentar una Nueva Ilustración, ¡a la que se ha referido el reciente Informe Come on!, que deje atrás los individualismos y las visiones meramente locales e inmediatas. El objetivo es descubrir así el valor de la cohesión, de la comunidad y del equilibrio para vivir armoniosamente con la Naturaleza.

Desde los inicios del Club de Roma las expectativas eran, como ahora, diversas. Pero las soluciones solo cabría encontrarlas desde la cooperación y desde la búsqueda de una gobernabilidad compartida. Actualmente, en un mundo más multipolar y que, sin embargo, vive el continuo deterioro de la multilateralidad, se hace preciso afianzar los talantes cooperativos que ya entonces se propugnaban. Talantes que tienen que apoyarse en un conocimiento cada vez más preciso de los riesgos y de sus múltiples y cambiantes interdependencias. Lo cual obliga a una permanente actitud de mejorar el predicamento de esa Humanidad que tiene que pensar a largo plazo y hacerlo con la voluntad de preservar la diversidad humana y el cuidado de sus entornos naturales. Es tanto como abordar múltiples temáticas y hacerlo con metodologías transdisciplinares y que traten de pergeñar los futuros más sostenibles.

Son este tipo de estímulos los que han motivado las actividades en el pasado ejercicio tanto del Capítulo como de la Oficina del Club de Roma en Barcelona, tratando de auscultar una diversidad de asuntos que ya inciden en las realidades de hoy, y que empiezan a condicionar las del mañana. A esta premisa responden ciclos sobre las nuevas maneras de la globalización, sobre lo que suponen las disrupciones científico­técnicas que se suceden, sobre la calidad del aire, la seguridad alimentaria y los ciclos del agua y la sostenibilidad, por citar algunos. Así como otros relativos a ese movimiento emergente que es el transhumanismo, los nuevos modelos socioeconómicos plausibles, o sobre democracia, diversidad y cohesión social.

Lo cual no ha impedido abordar otros, como el interesante Mujeres que marcaron la historia de los derechos humanos, o los no menos sugerentes Gobernabilidad y desarrollo sostenible y Diálogos por la interculturalidad. Por otro lado, los Grupos Aragonés, Catalán y Vasco han abordado temáticas relativas a la Economía circular efectiva, los Objetivos de Desarrollo Sostenible o lo que han significado los informes y actividades del Club de Roma en este medio siglo, entre otros.

Cabe añadir, como se recuerda en cada ejercicio, que todas estas actividades no se hubieran podido acometer sin la participación e iniciativa de los miembros de la Asociación. O sin el discreto y eficiente apoyo de nuestros Socios Institucionales y de las entidades que han colaborado, regularmente o de forma puntual, en las mismas. Su éxito ha sido fruto de la calidad de ponentes y participantes, pero también de la ilusión que todas han percibido al sentirse partícipes en procesos que analizan y exploran las diferentes vías para un desarrollo humano acorde con los tiempos actuales. Y con la sostenibilidad de la vida en el planeta para sus pobladores actuales y venideros.

Isidro Fainé
Presidente del Capítulo Español del Club de Roma
Junio de 2019