MEMORIA 2024 EN FORMATO DIGITAL Y ANEXOS

Capítulo Español del Club de Roma

Impreso por CG Creaciones Gráficas, S.A.

MÚLTIPLES INQUIETUDES Y NO MENOS OPORTUNIDADES

Es posible que cuando se lean estas líneas las confusiones creadas por la idas y venidas de las diversas propuestas arancelarias se vean ya como algo superado o asumido. Es posible, también, que se hayan encontrado arreglos y atenuantes con los que encarar las nuevas dinámicas de los mercados globales. Y es casi seguro que, por encima de todo ello, sobrevuelen desconfianzas y temores que contribuirán a reducir expectativas comerciales. Esto se traducirá en la búsqueda de mercados más asequibles en el marco de los nuevos multilateralismos y en horizontes más cercanos.

Y es que en los meses transcurridos de 2025 se ha acrecentado la aparición de riesgos inesperados y ligados a las nuevas dinámicas comerciales. En este contexto son de difícil aplicación las reglas generales vigentes, lo que aflora facetas inesperadas del nuevo orden global creado desde el inicio del conflicto de Ucrania, los atentados de Hamas y la respuesta subsiguiente de Israel. Es una brecha que se agranda y pone en cuestión los fundamentos de la globalización hasta ahora conocida.

Así, a la par de la incertidumbre sobre como acabaran las negociaciones en curso, es casi seguro que surjan otras inestabilidades preocupantes y posiblemente no menos retrocesos. Pues es sabido que tales conversaciones no se amoldan a sutilezas y gradualismos ni se afanan en buscar consensos que beneficien a las partes interlocutoras. Maxime, además, cuando tampoco pretenden alcanzar solamente soluciones a las controversias arancelarías en cuestión. Y si, por contra, como propiciar que los Estados Unidos salgan fortalecidos en la bipolaridad Washington-Pekín que protagonizará la globalización de este siglo.

Es más, es muy probable que los conflictos armados ya aludidos no se cierren con la rapidez que se prometiese en la última campaña presidencial americana. O que los déficits comerciales persistan y los mercados de la deuda se debiliten y se transformen de forma preocupante. Con las consecuencias desfavorables para el desarrollo humano, la lucha contra la emergencia climática, la perdida de la biodiversidad y las prácticas comerciales con las que se había construido la globalización hasta ahora conocida.

Lo que ha propiciado la mejora de la calidad humana incluso en sociedades distintas a las avanzadas. Y que ahora, al igual que puedan sentirse la Federación Rusa y la Unión Europea, también las sociedades más desfavorecidas se consideren instrumentadas como meros alfiles y peones, en esa pugna global que vienen manteniendo, cada vez más explícitamente y cada una a su estilo, Norteamérica y China.

Desde su creación, el Club de Roma se ha focalizado en actualizar los modos y maneras de hacer, para que se adapten a los avances sociotécnicos y regulatorios innovadores. Porque, detrás de su preocupación principal por el desarrollo humano y la sostenibilidad de la vida sobre el Planeta, siempre está también el cómo afianzar la gobernabilidad de los asuntos que atañen a las personas, tanto colectiva como individualmente considerados. Esto supone, precisamente, analizar cuáles son las gobernanzas al uso y cuáles deberían actualizarse continuamente para sortear cada nueva encrucijada.

Hoy, cuando el panorama es mucho más desconcertante que el que se vivía en los inicios del Club, sigue siendo, por tanto, más necesario que nunca un replanteamiento del orden internacional, como ya hiciese el Club hace medio siglo con su tercer informe del Nobel Jan Timbergen. Esto nos lleva a considerar si es posible seguir creciendo de la misma manera que se ha hecho hasta ahora. O si será necesario transformar las sociedades avanzadas y, por ende, sus modos de producir bienes y servicios.

Hay quienes insisten en que con los modos de vida actuales es imposible alcanzar la sostenibilidad global, aunque ya haya otras experiencias que ven dicha sostenibilidad como algo plausible que debe generalizarse, fomentando el desarrollo de los bienes comunes y potenciando una nueva solidaridad compartida. Esto es imprescindible para sobrevivir en un planeta finito y de recursos limitados. A lo que habría que añadir el que las personas nos sintamos comprometidas con el cuidado del resto de habitantes y con la preservación de la naturaleza.

El recientemente fallecido papa Francisco ya hizo referencia a su preocupación por “la casa común” en su primera encíclica Laudato Si, abogando por frenar y sortear la crisis ecológica a la que estamos abocados de no cambiar las maneras de vivir, y en especial las de las sociedades más avanzadas. También el papa Pablo VI lo anticipó en 1971, un año antes de la publicación de Los límites del crecimiento, el primer informe del Club de Roma, señalando que era una consecuencia dramática de la actividad descontrolada del ser humano.

Se viven, por tanto, momentos de múltiples inquietudes, pero también de no menos oportunidades. Aunque para ello haya que afanarse en cómo articular el desarrollo humano que erradique la pobreza y las desigualdades. Y que promueva en nuestros corazones una fraternidad abierta que persiga tanto el bien para nosotros mismos como para toda la humanidad y los ecosistemas del planeta. Fraternidad, en definitiva, a la que el Papa Francisco dedicó su última encíclica (Fratelli Tutti), y que coincide con el amor a los otros a los que se refiere Aurelio Peccei en las líneas finales de su Informe La Calidad Humana.

En esas ultimas líneas, recuerda que la fortuna de haber sido siempre un hombre libre, incluso cuando estuvo en prisión, tendría poco valor si no se hubiera sentido solidario con los demás seres humanos, ligado a ellos por sentimientos de amor fraterno. Porque lo que cuenta, continuaba, son los vínculos de amor, los cuales pueden hacer de una vida no un episodio, sino la parte de un todo que continúa.

De ahí que, ante el nuevo orden global, que requiere cambiar las perspectivas y temáticas a considerar, no quede más remedio que idear nuevas sendas para el futuro. Habrá que afanarse en la creatividad, cooperación y diligencia con la que actualizar reglas que se habían formulado para las sociedades del siglo pasado. Y que no armonizan con los ritmos actuales, propiciados por las innovaciones tecnológicas y comunicativas de los últimos cincuenta años. Son reglas que no están preparadas para sacar partido de la improvisación permanente, ni para encontrar vías de gobernabilidad nunca imaginadas con anterioridad.

En esta línea, durante 2024 tanto el Capítulo como la Oficina del Club de Roma en Barcelona han realizado un volumen de actividades similares a las de los últimos ejercicios, implicando para ello a más de 200 ponentes y con un seguimiento global de más de 35.000 personas atentas a nuestros debates, tanto presenciales como virtuales.

A lo largo de las sesiones del ejercicio pasado se han abordado temas tan diversos como los retos y oportunidades para las sociedades del bienestar, las líneas de acción de la nueva legislatura europea, el Nomos de la Tierra o el impacto que hubiera podido tener la Cumbre del Futuro del pasado otoño. Asimismo, la Oficina del Club de Roma en Barcelona ha desarrollado ciclos sobre los nuevos derechos humanos, conversaciones sobre el devenir de la Unión Europea o cómo disfrutar de las longevidades en las sociedades actuales, así como otras temáticas relacionadas con las sociedades mediterráneas.

En paralelo nuestros grupos autonómicos han debatido temas vinculados al último Informe del Club de Roma, Un planeta para todos, o algunas de las estrategias regionales en economía circular, así como El océano y el cambio climático, El valor de la diplomacia científica, El futuro de la energía, o los avances en la IA como el aire que respiramos, por citar algunos debates. A los que se han sumado otras temáticas relacionadas con las transiciones sociales, económicas o geopolíticas. Para acabar comparando el significado del primer Informe al Club de Roma, de 1972, y el último, de 2022. Sin olvidar la importancia creciente de las tierras raras y sus diversas minerías y aplicaciones.

Todas estas actividades han sido posibles gracias al apoyo continuado y a las aportaciones económicas de los miembros del Capítulo y de sus Socios Institucionales, así como a las colaboraciones puntuales de otras entidades y ponentes. Colaboradores que han compartido, con nuestras dos Asociaciones de utilidad pública, la búsqueda de soluciones plausibles e innovadoras para sortear las diversas encrucijadas humanas que se viven. A sabiendas que la mayoría de ellas nunca habían podido ser abordadas con anterioridad. Por lo que se requerirá ahora más arrojo e imaginación para idear las nuevas soluciones.

Todo ello se ha formulado con el fin de contribuir, tanto como esté en nuestra mano, a acrecentar el predicamento y la dignidad de la familia humana, así como el cuidado de la casa común. Cuidado que es cada día más imprescindible para preservar la vida sobre nuestro limitado planeta, con el afán de legarlo dignamente a las generaciones futuras.

Isidro Fainé
Presidente del Capítulo Español del Club de Roma
Junio de 2025