MEMORIA 2025 EN FORMATO DIGITAL Y ANEXOS

Capítulo Español del Club de Roma

Impreso por CG Creaciones Gráficas, S.A.

REFLEXIONES Y CONTRIBUCIÓN EN 2025 ANTE UN ORDEN MUNDIAL CONVULSO

Sean estas líneas ante todo para saludar muy cordialmente a los lectores de estas palabras introductorias y para decirles que asumo la tarea de presentar por primera vez la Memoria anual del Capítulo Español del Club de Roma, en esta ocasión la relativa a 2025, con lógica humildad, con especial gratitud y con mucha ilusión.

Humildad ante la inmensa tarea y la gran obra que nos dejan los 25 años de presidencia de este Capítulo por parte de D. Isidro Fainé, realzados por su talla humana, entrega continua y generosa a los más nobles ideales de servicio a la sociedad y admirable trayectoria profesional al frente de cuantas tareas, funciones y cargos le han sido confiados a lo largo de su vida.

Gratitud, por la confianza depositada en mi desde el pasado 19 de noviembre, a propuesta de D. Isidro Fainé, por parte de la Junta Directiva y sobre todo de la Asamblea General, para presidir el Capítulo Español del Club de Roma.

Y, finalmente, ilusión al tomar este relevo desde el recuerdo emocionado a la figura de mi padre cuyos valores, entrega y pasión de tantos años dedicados al Club de Roma me servirán de inspiración permanente. E ilusionado también, al poder contar con el respaldo del Capítulo, con la calidad y el compromiso de sus miembros, la guía y el valioso apoyo de sus órganos de gobierno y la eficacia de su unidad de apoyo; nuestro Capítulo es uno de los más grandes a escala internacional con sus agrupaciones territoriales, uno de los más nutridos en miembros y, sin duda, uno de los más ricos en actividades.

El año 2025 terminó dejándonos muchas incertidumbres pues, lejos de amainar, se agravó el debilitamiento del orden mundial inmerso en una transformación sin precedentes desde la II Guerra Mundial.

Así, el año pasado se saldaba con el desasosiego que genera la senda de erosión que vive desde hace años la autoritas de las Naciones Unidas, con su capacidad de acción limitada por desapego y rivalidades entre grandes potencias. De ello fueron víctimas, la muy precaria tregua sobre una Gaza ya destruida, los infructuosos esfuerzos para el logro de una paz en Ucrania en una guerra que no parece tener fin o los rescoldos de la muy tensa y frágil situación que vive todo el Medio Oriente que -ya sabemos desde principios de 2026- será escenario de una fuerte confrontación bélica.

Por otro lado, el mundo padeció un profundo revuelo global en el ámbito comercial por la dura política arancelaria convertida en arma arrojadiza de la política exterior de la nueva Administración de EE. UU., mientras la OMC se paralizaba ante nuevos bloqueos estructurales que dificultan la gobernanza del comercio global. Todo ello, mientras proseguía -en su inmenso e imparable avance- la revolución tecnológica y productiva que supone el vertiginoso desarrollo de la IA. Y que, al mismo tiempo que abre inmensas oportunidades, amenaza con ahondar los desequilibrios económicos y sociales que ya padecen tantas sociedades.

Contemplamos con dolor cómo persistieron y se agravaron en 2025 las inmensas tragedias humanas que se viven en tantas latitudes, producto de las guerras dominantes y de tantos conflictos a menudo olvidados (Sudán, Yemen, RDC, Tigray, o en el Sahel o Myanmar).

Esta realidad evidencia una dramática normalización de las guerras prolongadas y una erosión del derecho internacional humanitario.

Por ello, nada más oportuno que recordar el llamamiento que acaba de hacer S.S. el Papa León XIV contra la “globalización de la indiferencia” ante el dolor ajeno o el grito ante la insensibilidad creciente frente al inmenso sufrimiento de tantos millones de seres humanos.

El mundo continuó así inmerso en una redefinición del orden global y en medio de un grave debilitamiento del multilateralismo y del respeto al Derecho Internacional. Fue escenario de nuevos posicionamientos, expresiones de fuerza y frágiles equilibrios, de movimientos inesperados en muchos de los planteamientos tradicionales de los EE. UU. en el tablero mundial y de una ascensión imparable del peso, influencia y proyección de China. Tales cambios llevaron a la vertebración de nuevas alianzas o a la extensión de algunas de las existentes por parte de otros destacados actores internacionales, en el marco de la búsqueda de una diversificación de socios o de mercados.

Finalmente, 2025 volvió a ser escenario de un crecimiento de la desigualdad entre países y dentro de ellos, de un aumento de la pobreza, de violaciones flagrantes de los derechos humanos, de la igualdad de género y de las reglas democráticas, así como de los efectos del cambio climático con el desarrollo de fenómenos meteorológicos violentos. Entre estos últimos, baste con recordar la inmensa devastación del huracán Melissa en el Caribe, los sucesivos tifones en el Sudeste Asiático o los récords de incendios estivales en Europa o en el Gran Cañón.

En tiempos tan convulsos, no nos puede extrañar que surjan desconfianzas, temores, miedos o crisis profundas. Tales fenómenos no deben, sin embargo, llevarnos a la inacción y menos aún a la desesperanza; nos deben animar a reaccionar con la asunción de cuanto esté en nuestras manos para no perder las riendas de nuestro destino. No perderlas para encauzar y superar los retos y desafíos con responsabilidad, realismo, fe en la capacidad del ser humano y de nuestras sociedades, aprovechando al mismo tiempo las oportunidades para avanzar hacia un futuro más justo y sostenible.

Con el telón de fondo de este contexto internacional y en su afán por contribuir a la mejora de nuestro mundo, siempre con una visión a medio y largo plazo, el Club de Roma adoptó el año pasado un Plan de Acción Estratégico para 2025–2028. Este se centra en acciones concretas para impulsar transformaciones orientadas a alcanzar ese gran desiderátum que denomina la “equidad global en un planeta saludable y pacífico”.

Y es que, según advierte el Club de Roma, nos encontramos en medio de una “policrisis” o crisis superpuestas de distinto alcance y dimensión, desde lo ecológico y lo económico hasta lo social y geopolítico. Dimensiones que interactúan entre sí, que se retroalimentan y van acompañadas por una caída de la confianza en las instituciones y del respaldo social a muchas de las narrativas dominantes; al mismo tiempo, nos recuerda que han emergido actores nuevos y perspectivas novedosas que exigen dejar a un lado visiones únicas del mundo y adoptar enfoques más plurales.

Como afirman los dos actuales copresidentes del Club de Roma, Paul Shivastava y Silvia Zimerman, dentro de esta ”policrisis” reside la posibilidad de una transformación profunda, si actuamos con valentía, sabiduría y una intención sistémica.

Para ello, el citado Plan de Acción Estratégico se articula en torno a dos objetivos estratégicos e interdependientes: por un lado, comprender mejor la complejidad e incertidumbre del mundo actual, generando interpretaciones integradoras que conviertan la información en conocimiento útil y aplicable; por otro lado, contribuir a la toma de decisiones políticas y sociales, promoviendo ideas transformadoras y participando activamente en el debate público y en las redes con capacidad de influencia.

Se trataría para el Club de Roma de intentar influir en la toma de decisiones, tanto públicas como privadas pues, mientras “… comprender sin influir sería un ejercicio académico; influir sin comprender sería irresponsable” Por eso, ambos objetivos están profundamente interconectados.

A modo de ejemplo, la presencia del Club de Roma en foros como la Asamblea General de Naciones Unidas, en las COP o en el Foro Económico Mundial, demuestra que sus ideas están penetrando en espacios en los que se está redefiniendo el rumbo global.

El Plan de Acción Estratégico 2025-2028 organiza su trabajo en torno a dos grandes ejes de transformación actuando sobre los sistemas económicos, energéticos, de recursos y de gobernanza a través de programas clave:

– Earth4All, que aporta un modelo científico y una economía transformadora para rediseñar las economías;

– El Grupo de Trabajo sobre Materiales y Consumo, que analiza cómo reducir drásticamente el uso de recursos garantizando equidad y resiliencia; y “The 50 Percent”, que empodera a redes juveniles para crear juntos futuros regenerativos.

Junto a ello, el Club de Roma se propone impulsar algunos programas complementarios, pues no habrá transformación si no se cambian las narrativas y los imaginarios; se trataría de programas como el Quinto Elemento (regeneración cultural), la iniciativa de Finanzas para futuros regenerativos, la “Iniciativa de Paz Planetaria” o de “No Limits to Hope”, que trabaja en el aprendizaje profundo para enfrentar retos existenciales sin caer en la desesperanza.

Llama la atención que, poco antes de su fallecimiento en mayo del año pasado, S.S. el Papa Francisco declarara precisamente el año 2025 como Año para reavivar la esperanza, animando él mismo a no encerrarnos en el miedo o la resignación.

Finalmente, el Club de Roma se redefine en este Plan de Acción Estratégico como una plataforma abierta, más que como una organización tradicional, para conectar actores diversos -científicos, responsables políticos, empresas y sociedad civil- para generar conocimiento colectivo y ampliar su impacto.

Busca los efectos de red, de una colaboración abierta y desde diversas perspectivas; como dice el Plan Estratégico “Una plataforma no impone, conecta. No ordena, posibilita. No lidera sola, lidera en red”.

Volviendo a España, a lo largo de 2025 el Capítulo Español del Club de Roma, así como la Oficina del Club de Roma en Barcelona, organizaron un importante cúmulo de actividades -tanto de carácter presencial como virtuales- que han contado con la participación de numerosos e interesantes ponentes.

Desde el Capítulo se abordaron múltiples temas tales como: los riesgos del nuevo desorden global; el futuro de las democracias y su incidencia geopolítica; los retos y oportunidades para las sociedades del bienestar del mañana o la decisiva fortaleza de los materiales críticos.

Asimismo, la Oficina de Barcelona ha organizado ciclos sobre diálogos sobre tecnología y democracia; diez años de la Encíclica “Laudato si” o el desarrollo de un Mar Mediterráneo sostenible.

En paralelo, los diversos y activos grupos autonómicos del Capítulo han desarrollado sesiones y ciclos sobre el impacto de la supercomputación y la IA; el “nosotros” y los “otros” en las sociedades de acogida; la capacidad de Europa para ganar en influencia y tecnología o el desafío de la Humanidad atrapada entre dos eras.

Estas actividades no hubieran sido posibles de no contar con el apoyo continuado de los miembros del Capítulo y de nuestros destacados y fieles Socios Institucionales (Agbar, Fundación Abertis, Fertinagro, FUNCAS, Fundación Mutua Madrileña, Naturgy y Telefónica).

A todos ellos, deseo hacer llegar nuestra más profunda gratitud, al tiempo que nuestro compromiso permanente de estar a la escucha de sus posibles ideas y sugerencias.

Con todas sus actividades, hemos trabajado, desde el rigor y la independencia, con el ánimo puesto en extender el espíritu del Club de Roma en nuestra sociedad, conscientes de nuestra integración como país en la UE, de nuestros profundos y fraternos lazos con la Comunidad Iberoamericana y de nuestra estrecha vinculación al espacio mediterráneo.

Con su labor, el Capítulo y la Oficina de Barcelona vuelcan día a día sus mejores esfuerzos para contribuir a la mejor comprensión de la complejidad del mundo en el que vivimos, así como a la búsqueda de planteamientos y soluciones que persigan la paz, la conservación, la mejora y la sostenibilidad del mundo que hemos heredado, de aquel en el que vivimos y del que estamos llamados a legar responsablemente a las generaciones venideras.

Ricardo Díez-Hochleitner
Presidente del Capítulo Español del Club de Roma
Junio de 2026