EL TRANSHUMANISMO BAJO LA LUPA

Oficina del Club de Roma en Barcelona

Impreso por Vanguard Gràfic, S. A.
Coordinador Francesc Torralba
Transhumanismobajolalupa-20190610

A mediados de 2016, desde la Oficina del Club de Roma en Barcelona constatamos que, frente a la emergencia de una nueva ideología “mesiánica”, el transhumanismo, apenas había debate en nuestro país. A diferencia de lo ocurrido en otros países, especialmente los anglosajones, la cuestión apenas ocupaba ni preocupaba en nuestra sociedad, en la que eran prácticamente inexistentes las polémicas entre “transhumanistas” y “bioconservadores”, apasionadas y apasionantes en otras latitudes.

Por ello, organizamos una mesa redonda transdiciplinar, en noviembre de 2016, con un título conscientemente provocativo: “Transhumanismo e Inmortalidad: ¿Sueño o Pesadilla?”. En ella participaron, desde su propio ámbito del saber, Miquel Casas, Armand Puig, Luis Serrano, Francesc Torralba y Mateo Valero.

El resultado de la mesa redonda superó nuestras expectativas, tanto por el interés suscitado, como por la profundidad de las cuestiones abordadas y los interrogantes que se alumbraron. Por ello, nos conjuramos con Francesc Torralba para organizar un ciclo completo, bajo su coordinación, en que se abordaran exhaustivamente los diferentes aspectos del tema. La iniciativa se concretó en las once sesiones que se llevaron a cabo, con precisión “germánica”, entre octubre de 2017 y mayo de 2018, cuyo contenido es el objeto de esta publicación.

En definitiva, se trataba, bajo el título genérico “El transhumanismo bajo la lupa”, de analizar a fondo esta nueva ideología, cuya pretensión, sin demasiada fundamentación teórico-filosófica, es la mejora ilimitada de la especie humana, incluida la superación de su “atávica” condición mortal. La utilización conjunta, y sin ningún tipo de restricción, de las “NBIC” (nanotecnología, biotecnología, informática y ciencias cognitivas) permitirá “construir” una especie mejorada, la transhumana, más sana, más inteligente y liberada de todas las enfermedades, incluida la muerte.

A lo largo de las diferentes sesiones se han puesto de manifiesto multitud de interrogantes, como puede constatarse a la vista del texto. Algunos tienen que ver con “la condición humana” y su naturaleza: “¿Hay límites para su “mejora”? ¿Generará ésta más felicidad, más dignidad, mayores grados de libertad? Otras cuestiones son de naturaleza socio-política, especialmente, quién decide, con qué nivel de control ético y democrático y con qué grado de universalidad (o, ¿tendremos que resignarnos a la sumisión de los seres humanos respecto a la minoría de nuevos “superhombres”, hijos del control genético y de la inteligencia artificial?). También se suscitaron interrogantes filosóficos: ¿Es “lícito” cambiar, de manera irreversible, la especie humana, tenemos derecho a “diseñar” una nueva estirpe? Y, nuevamente, ¿quién estaría legitimado para tomar las decisiones?, ¿con qué finalidad?

En cualquier caso, el hecho relevante es que los actuales protagonistas del movimiento transhumanista y sus posibles aplicaciones (grandes multinaciones americanas, especialmente Google, y la China) no rinden cuentas a nadie. Aunque parezca aventurado afirmarlo, es de temer que la “pausa ética” autoimpuesta que propugnan los científicos más responsables no llegue nunca a concretarse, y que amanezcamos algún día no muy lejano con la noticia de la primera clonación humana.

A diferencia de otros grandes retos que afectan a la humanidad, como la desigualdad o el cambio climático, en el caso de movimiento transhumanista no hay, ni conciencia universal de su existencia y posibles implicaciones, ni decisión colectiva e informada por parte de los ciudadanos. Una vez más, hemos de poner nuestra esperanza en Europa, en la firmeza de sus valores, y en su capacidad de promover una adecuada Gobernanza Global.

Llegados a este punto, únicamente resta reiterar la gratitud del Club de Roma al Director del ciclo, Francesc Torralba, por impulsar y coordinar eficazmente este ambicioso proyecto, y a todos los ponentes, por su saber, su rigor, y su manifiesta generosidad.